lunes, 4 de abril de 2011

"¿Incompatibles?"

Un movimiento a tres bandas podría hacer compatibles a Thiago y Cesc

El del sábado no era un partido cualquiera: era el partido en el que, si no se decidía
la Liga, sí estaba en juego la posibilidad para el Barça de dulcificar tremendamente el tramo final de la misma. En definitiva, era un partido comprometido. Y ése fue el partido en el que Thiago Alcántara debutó como titular en este campeonato y también en el que demostró que se puede contar con él como un valor seguro de cara al futuro. 
Sin embargo, esta buena noticia genera una incógnita de cara a la planificación que la dirección deportiva barcelonista está haciendo de cara a la próxima temporada. Es sabido que el Barcelona intentó en los dos veranos anteriores la contratación de Cesc Fábregas para reforzar el centro del campo y se asume también que el próximo verano volverá a realizar una nueva tentativa. Pero con la presencia definitiva de Thiago como jugador del primer equipo la nómina de centrocampistas estaría compuesta por Busquets, Xavi, Iniesta, Keita, Mascherano y el propio Thiago. Seis jugadores para tres puestos: posiciones dobladas. ¿Es necesario Cesc? La respuesta evidente es que no, máxime si tenemos en cuenta que otras posiciones están mucho menos cubiertas: en la delantera Messi, Villa y Pedro son indiscutibles, pero la irregularidad de Bojan y Jeffren y la incógnita que es aún la adaptación de Afellay hacen conveniente la presencia de otro delantero de garantías. Y en defensa, descontada la más que probable salida de Milito, quedan para el puesto de centrales Piqué, Puyol, Abidal y Fontás. Teniendo en cuenta la edad y delicada salud, por motivos diferentes, de Abidal y Puyol, parecería también conveniente buscar otro central. Sin embargo, la llegada a dos años vista de Bartra (y quizá de Muniesa) al primer equipo desaconseja una gran inversión en un central, puesto que este podría tapar la evolución de Fontás y Bartra (y Muniesa). Quizá sea aquí donde cobre sentido la llegada de Cesc.
¿Por qué? La figura clave sobre la que pivota mi teoría es Busquets. Lo que en principio parecía una solución de urgencia: situarlo como central en caso de extrema necesidad, se está convirtiendo en un recurso táctico cada vez más habitual incluso en partidos altamente comprometidos, como ante el Arsenal o el Villarreal. Mi teoría es la siguiente: Guardiola piensa en Cesc como un 6, un Xavi, pero también como un 4. Esto haría que, sobre todo en partidos en los que a priori el Barça partiese como claro favorito, Busquets podría actuar como central garantizando la salida de balón junto a Piqué, o incluso también podría dar minutos de descanso a éste. Esto dotaría a la plantilla de mayor profundidad, riqueza táctica y, además, frenaría menos la progresión de Thiago, Fontás o Bartra. Hay que tener en cuenta también que Keita tiene 31 años y probablemente querrá disfrutar de minutos en sus últimos años en la élite, por lo que su ciclo en el Barça podría concluir el próximo curso, sin descartar tampoco que, de producirse la llegada de Cesc, su salida pudiera adelantarse incluso hasta este mismo verano.
Esas variantes explicarían un nuevo intento del Barça por hacerse con su ex-canterano. De lo contrario, es difícil de explicar que el Barça afronte una macroinversión como la de Cesc cuando sus principales carencias se concentran, a día de hoy, en otras líneas. Pep y Zubi tienen la solución.

viernes, 1 de abril de 2011

Contar hasta cinco

Rosell ha podido echar por tierra, en un instante, la imagen que el Barça se ha labrado en tres años

Uno se pregunta con frecuencia cómo es posible que los directivos de los equipos de fútbol sean gente que, en su profesión, ha tenido una trayectoria exitosa y hasta goza de cierto prestigio. Que grandes constructores, productores de cines, prestigiosos abogados, gurús del marketing, etc. sean a la vez capaces de cometer los desmanes que cometen y, sobre todo, pronunciar las frases que, de vez en cuando, se les oye pronunciar, da que pensar. Dos tesis explican este comportamiento: o bien se trata de personas en cuyo éxito profesional tiene mucha culpa el azar, que no parece; o bien el fútbol termina por cambiar la personalidad de todo aquél que se acerca a él.
Sandro Rosell parecía hasta no hace mucho tiempo una excepción a esta regla. En su primer semestre como presidente azulgrana apenas se había hecho notar: sus únicas apariciones públicas habían sido ruedas de prensa con motivos del anuncio de algunos contrato de patrocinio, menos de media docena de entrevistas en las que no decía más que responder con vaguedades y frases previamente cocinadas. Su imagen de moderación se veía reforzada por la inevitable comparación con su predecesor: al lado de Laporta que, cuando menos, salía a comentario inadecuado por quincena, cualquier persona con un cierto autocontrol sería tomado por un ejemplo de mesura. Incluso se acusaba a Rosell de falta de valor por no salir personalmente a frenar los ataques de los que el equipo que preside es objeto día sí, día también, con las más variadas excusas: dopaje, favoritismo arbitral etc.
Pero con la llegada de la primavera la verborrea de Sandro Rosell ha florecido de manera repentina. Su primera perla vino motivada por la propuesta que hará la directiva del FCBarcelona de prohibir fumar en las instalaciones del Camp Nou. Para justificar tal propuesta Rosell recurrió a la siguiente frase: "Fumar es una tradición, pero es mejor el fútbol sin puro y sin morirse". Sí, Sandro, sí. Las cosas que no provocan la muerte suelen ser mejores. Y su destape definitivo como incontinente verbal se produjo ayer. Con motivo de una campaña cuyo fin no podría ser más plausible: conseguir productos alimentarios básicos para ayudar a todas las familias de Cataluña que lo necesiten y sensibilizar la sociedad acerca de la pobreza próxima, Sandro Rosell no perdió la ocasión de sacar al metepatas que lleva dentro afirmando que: “Apuesto por un 5-0 en la final de Copa para no perder la costumbre”. Tres años de un mismo modo de hacer las cosas: humilde, discreto y respetuoso, basado en hablar sólo sobre el campo y que ha generado admiración en todo el mundo, tirados a la basura en un instante. La imagen de los Guardiola, Xavi, Iniesta o Messi no se ve afectada por esta declaración, pero sí la del Barcelona como institución. Carga de balas a los enemigos culés en el momento más delicado de la temporada, en el mes en que se decide si la temporada pasará a la historia como mala, aceptable o buena. Eso sin contar con el componente de mala suerte que suelen llevar consigo ese tipo de predicciones: Boluda, Sergio Ramos o Cristiano Ronaldo lo comprobaron en su momento.
Rosell tiene cinco años por delante para demostrar que es un presidente ecuánime y que no se deja llevar por sus impulsos más primarios. Hasta ahora lo había sido, pero ha tirado por tierra el ejemplar comportamiento de un semestre en un solo acto. A los culés nos da igual como sea Sandro Rosell. Pero nos importa, y mucho, como se comporte el presidente del Barça: entre los  dos delfines de Laporta, uno más oficial que el otro, sumaron en las elecciones del pasado verano menos de un 25 % de los votos. Que aprenda la lección: antes de contar una gracia, que cuente hasta cinco.

jueves, 17 de marzo de 2011

La metáfora del frutero

La adaptación de la prensa deportiva tradicional a los nuevos tiempos ha supuesto una renuncia al rigor y la objetividad

Cualquier persona con una cierta edad y una mínima capacidad de observación delsu entorno será consciente de que la forma en que las empresas venden y publicitan sus productos actualmente no tiene nada que ver con cómo lo hacían hace 20, 30 o 40 años. Las formas en las que interactúan empresas y clientes se han ido modificando progresivamente en las últimas décadas hasta configurar modelos de negocio radicalmente opuestos a los que se daban no hace tanto tiempo. La relación entre prensa deportiva (radio, televisión, periódicos) y su audiencia (lectores, oyentes, espectadores) no supone precisamente una excepción a la regla. Antes al contrario, se adapta punto por punto a las etapas que los teóricos del márketing definen cuando estudian los cambios históricos que se han producido en la manera en que se relacionan empresas y clientes. El propósito del presente artículo es mostrar de qué forma la relación entre los medios y su audiencia ha evolucionado desde su nacimiento hasta hoy, y cómo esos cambios tienen características similares a los que se han producido en cualquier otra empresa que pretende lograr la máxima aceptación de sus productos o servicios en un mercado, poniendo el foco sobre todo en los periódicos deportivos de difusión nacional.
Consideremos como origen cronológico, de forma aproximada, los años 50. En aquella época el problema de la mayoría de las empresas era poder satisfacer la demanda de sus productos. Esto sucedía, por ejemplo, con los primeros coches que se fabricaban en España. Era mayor la demanda de Seat 600 que la capacidad que Seat tenía para producirlos. Quién encargaba un coche sabía que tendría que esperar varios meses, más de medio año incluso, hasta que lo tuviera en su poder. Se dice que en esta época las empresas estaban orientadas hacia la producción: su objetivo era producir cuanto más, mejor. Todo lo que produjeran lo podrían vender. Con la prensa deportiva pasaba lo mismo. En España sólo había dos periódicos deportivos: el Marca, que se editaba diariamente en Madrid desde 1942 y El Mundo Deportivo, que hacía lo propio desde 1929 en Barcelona. Cada uno tenía su ámbito geográfico de actuación y los quebraderos de cabeza de sus dueños se centraban básicamente en poder imprimir y sacar a la venta el periódico cada día. Los periódicos duraban pocas horas en los quioscos y su cifra de ventas se veía limitada por la capacidad de producción y las dificultades de transporte, no por falta de demanda.
La siguiente etapa coincide con la entrada el mercado de competidores. Si los productores existentes no eran capaces de abastecer de productos al total de demandantes, es lógico que se produzca la entrada de nuevos productores que traten de colocar sus productos. Así sucedió por ejemplo en el mercado automovilístico: nuevas marcas, como Renault o Ford, instalaron fábricas y comenzaron a comercializar sus vehículos en España. Las distintas marcas de coches empezaron a competir: hacían publicidad de sus modelos, resaltaban su comodidad, potencia, seguridad, etc. Pero todavía era una época en las que todas podían convivir "amigablemente". Había demanda suficiente. A esta época se la denomina de orientación al producto. En el caso de la prensa deportiva, nuevos competidores llegaron al mercado: As comenzó a editarse en Madrid en 1967 como competencia directa de Marca y Sport en 1979 en Barcelona como competencia de El Mundo Deportivo. Aunque había mercado suficiente para todos tocaba diferenciarse: cada periódico luchaba por tener las mejores firmas, por ser considerado el más riguroso, por realizar las mejores entrevistas o reportajes, introdujeron el color en algunas páginas o en la portada etc. Cuando el lector llegaba al quiosco tenía dos opciones y era obligado facilitarle la decisión: una buena entrevista o una primicia condicionaba decisivamente la elección. A diferencia de lo que sucede hoy, que sabemos de antemano prácticamente todo lo que nos va a contar el periódico porque lo hemos leído antes en Internet o visto en la televisión, el lector de entonces se asomaba al periódico como quién empieza una novela: conociendo sólo trazos gruesos de lo que se iba a encontrar.
Debido a los avances tecnólogicos, llegó un momento en que las preocupaciones principales de las empresas dejaron de centrarse en la producción: las mejoras tecnológicas hicieron que prácticamente cualquier empresa pudiese producir más de lo que la sociedad le demandaba. La perspectiva cambió: el problema elaborar el producto y ponerlo a la venta, sino que el cliente se sintiese atraído por tu producto y no por el de al lado. En los periódicos, gracias sobre todo a la mejora de los transportes y a la introducción de la informática, el proceso de elaboración y distribución se aceleró radicalmente: en los años 90 poner un diario a disposición de un lector de cualquier punto de España a primera hora de la mañana dejó de ser un problema. Así pues, la oferta ya no condicionaba las ventas: se podían elaborar y poner a la venta tantos periódicos como se quisiera. El número de ventas vendría limitado entonces ya no por la oferta, sino por la demanda. Esto hace que la competencia entre medios se endurezca radicalmente, como prueba el hecho los periódicos empiecen a realizar labores de publicidad anunciándose en los estadios y también en televisión. Además, se ven obligados a ofrecer al lector valores añadidos: características que hagan más interesante el producto para el lector y, sobre todo, más interesante que los productos similares que le rodean: se empiezan a elaborar suplementos con motivo de acontecimientos deportivos relevantes: inicio de la liga, mundiales, juegos olímpicos etc. Incluso, particularizan su producto para adaptarlo a los intereses de distintos grupos de lectores, elaborando distintas ediciones según regiones. El énfasis en la publicidad y la adaptación a los intereses del lector, superando incluso sus expectativas, se denomina orientación a las ventas. Además, se empieza a prestar menos atención a la narración de los hechos, pues casi todos los acontecimientos deportivos se pueden presenciar ya por televisión, de forma que la información pierde espacio en favor de la opinión.
Y en ese momento el uso de Internet comienza a generalizarse: si esto ya supone una revolución para cualquier empresa a la hora de publicitar y comercializar sus productos, comunicarse con sus clientes, proveedores etc., esta revolución es absoluta en el caso de los medios de comunicación, incluyendo por supuesto la prensa deportiva "tradicional". A esto hay que añadir que la fuerte competencia que ya se daba en la etapa anterior da un paso más en esta etapa: el mundo se globaliza, cualquier firma puede vender sus productos en cualquier parte del mundo, las opciones para los clientes se multiplican, de forma que las empresas han de captar a sus clientes casi a lazo, dándoles exáctamente lo que necesiten. Hay ejemplos muy clarificadores: veamos dos. Primero un producto alimenticio: la leche, por ejemplo. Hace 30 años cualquier empresa láctea comercializaba tres tipos de leche: entera, semidesnatada y desnatada. Hoy comercializa una variedad incontable de productos: con omega 3, con calcio, con isoflavonas, digestiva, especial para menopáusicas, para niños de 6 meses, para niños de un año, todo tipo de batidos etc. Segundo ejemplo: un coche. Quién a primeros de los 90 quería comprarse, pongamos por caso, un Renault 11, tenía que realizar dos elecciones: el color y el modelo (GTL, GTD, TSE o TXE). El resto de características venían determinadas por el color y el modelo, no había más elección. Quién hoy quiera comprarse un Renault Megane elegirá: tipo de motor (diesel o gasolina), variedad del motor (1,6, 2,0 etc), número de puertas, pintura (metalizada, opaca, específica, opaca especial), color de la pintura, color de la tapicería, color del tablero de a bordo, packs adicionales, rueda de repuesto o kit antipinchazos, añadir techo panorámico, cristales normales o tintados, añadir navegador... y hasta personalizar su financiación. A esta personalización del producto es a lo que se llama orientación al márketing. Pero, yendo al caso que nos ocupa, ¿cómo personaliza la prensa deportiva su producto? Es bastante más sencillo de lo que parece. Nunca como ahora conocieron los medios de comunicación a sus lectores. ¿Alguien piensa que la posibilidad de hacer comentarios en las web de los periódicos se debe a un interés de éstos por fomentar el contraste de opiniones? Si así fuera dejarían hacer comentarios a los editoriales o los artículos escritos por sus directores, dónde, curiosamente, nunca hay posibilidad de réplica. Los datos que los periódicos obtienen de los comentarios de sus lectores son una información que condiciona decisivamente sus informaciones y sus estrategias: si detectan que Mourinho crea furor entre sus lectores, pues ofrecen una bufanda con un lema alusivo al portugués. O una manta. O una sandwichera. Si detectan que una determinada forma de tocar un tema no gusta a lo mayoría de los lectores, se cambia el enfoque para que estos estén contentos. Saben que, a estas alturas de la vida, quienes siguen comprando un periódico de papel, no son aficionados sino más bien fanáticos, y como tal les tratan: un aficionado puede estar interesado en planteamientos razonados relacionados con el juego de su equipo o con un jugador. Un fanático no, no quiere razones, quiere que le digan lo que quiere oír: que su equipo ha ganado porque es muy bueno o que ha perdido porque el árbitro, las circunstancias o alguna fuerza maligna ha impedido la victoria. Un fanático ama u odia a un jugador, no quiere comprenderle: por ejemplo, a un fanático no le atrae leer que Benzema es un jugador joven que con tiempo y minutos puede llegar a ser grande. Sí le atrae, en cambio, que le digan que es el nuevo Ronaldo o, por el contrario, un autista que no tiene solución. Quién hace ganar a su equipo es un Dios y quién no le conduce a la victoria, por bueno que sea su trabajo, un "pobre hombre". Los jugadores de su cantera no son talentos por pulir, sino que están casi a la altura de los mejores jugadores de todos los tiempos. Y el rival no es rival sino enemigo.
En los últimos días se ha dado un nuevo paso en esta evolución: ya no es suficiente que los lectores reciban la información que les apetece recibir sino que incluso, la crean ellos mismos. Así ha sucedido con el famoso caso del dóping del FCBarcelona: desde hace dos o tres meses en los foros de As o Marca, cualquier noticia relacionada con el equipo catalán degeneraba en comentarios que acusaban a los azulgrana de dopaje. Marca se hizo eco de este "clamor" y proporcionó a sus lectores lo que deseaban: la "prueba" de que los controles antidopaje en el fútbol español no son creíbles. Una filtración interesada a un periodista lenguaraz ansioso de gloria hizo el resto.
En resumen, que nadie espere a estas alturas encontrarse en un periódico deportivo con aquello que encontraba y devoraba con deleite hace un par de décadas. Eduardo Inda lo ha resumido perfectamente: "Si ustedes fueran fruteros y el 80% de sus clientes quisieran naranjas, serían tontos si no les ofrecieran naranjas". Los tiempos han cambiado y en este caso, como en otros muchos, no precisamente para mejor.

@fjaz79

lunes, 14 de marzo de 2011

Caretas fuera

La máscara del señorío ocupa un sitio en el fondo de cualquier contenedor

Sí, se veía venir. De un tiempo a esta parte, como unos dos o tres o meses, no había noticia en las webs de As o Marca en cuyos comentarios no terminasen apareciendo acusaciones de dopaje contra el Barça (el Farsa, que dicen ellos). No digamos nada de otras webs aún más madridistas como Defensa Central. La semana pasada Marca abona el terreno con un reportaje sobre el dopaje en el fútbol español y el domingo por la noche, día de máxima audiencia de los programas deportivos nocturnos, se planta la semillita. El Real Madrid filtra a la Cadena Cope sus sospechas de que en el fútbol español, y más concretamente en Barça y Valencia, hay dóping. No se lo filtra a cualquiera, se lo dice a un periodista deseoso de primicias informativas que le catapulten cuanto antes al número uno de la radio deportiva española. Saben que no se va a guardar la noticia, ni tan siquiera la va a matizar, cuanto más crudo la exponga más repercusión y más audiencia. El tonto útil ideal.
Y el plan está bien pensado. Ata al Barcelona de pies y manos. Hay quién dice que si el Barcelona no tiene nada que ocultar debe acudir inmediatamente a la justicia. Si lo hace, sólo conseguirá que se esté dando vueltas al tema durante dos o tres años en los cuales sus logros deportivos serán puestos en dudas permanentemente. Y si no lo hace, la sombra de la sospecha cubrirá su escudo. Además, ir a la justicia ¿contra quién? La Cope desvela la noticia, pero cita fuentes del Real Madrid. Difícilmente la justicia obligará a un periodista a revelar sus fuentes, de manera que el periodista saldrá limpio del asunto. Y el Real Madrid siempre podrá decir que ellos no dijeron nada o que fue una mala interpretación de un periodista de unas palabras que se dijeron sin ninguna intención fuera de micrófono. Todos tirarán la piedra y esconderán la mano: nadie afirmará nada, simplemente dirán que hay quién dice que. Y todos ganarán: más audiencia, más tirada, más dinero y, quién sabe, igual hasta logran descentrar al Barça.
Éste es el penúltimo paso de un proceso que tiene como fin desacreditar y tratar de desestabilizar por todos los medios al FCBarcelona: primero fueron acusaciones a los rivales de dejarse ganar, centradas en un Sporting que luego fue capaz de empatar con el Barça. Luego (o siempre) las insinuaciones sobre la parcialidad arbitral, poniendo el foco entre otros en Pérez Lasa, triste protagonista del partido de ayer en Sevilla, y borrando de forma vergonzosa jugadores o trazando mal líneas de fuera de fuera de juego para echar más leña al fuego si es necesario. Más tarde Mourinho criticó las fechas y horarios de los partidos, repitiendo palabra por palabra lo que ya había dicho en sus etapas en Inglaterra e Italia, e insinuando no se sabe qué relaciones entre uno de los dueños de los derechos televisivos del fútbol y un hermano de Guardiola. Y Zapatero, que es del Barça. Y ahora el dopaje.
Detrás de todos estos actos despreciables hay un problema cultural. El madridismo radical, cada día más mayoritario, no comprende la derrota: no entiende que en una competición deportiva uno puede caer derrotado ni asume que existe la posibilidad de que haya un rival que lo haga mejor. No lo acepta: considera al resto de equipos como una casta inferior que debe estar privada del derecho a ganar. No es casualidad que muchos de ellos se refieran a los catalanes como polacos: son personas, sí, pero para ellos no son humanos, como dijo aquél. Hasta hace no demasiado tiempo el madrismo disimulaba bajo la falacia del señorío: los representantes oficiales del Real Madrid callaban mientras uno cualquiera de sus enjabonadores radiofónicos, televisivos o de prensa escrita les hacían el trabajo sucio. Pero ese mito ya cayó y las caretas ocupan un sitio en el fondo de cualquier contenedor.
Y esto acabará mal. Gente, mucha gente, se cree lo que le dicen. La verdad es para ellos lo que viene en los periódicos o se dice en la radio. Masticadita entra mejor. Y se están creando ejércitos de talibanes cuya consecuencia a medio plazo será la aparición de brotes de violencia. Si no, al tiempo. En un mes se van a ajuntar en Valencia la afición del Madrid, la del Barcelona y la del Valencia. ¿Qué puede pasar? Esperemos que nada, pero será difícil. El cultivo está sembrado.

@fjaz79

jueves, 10 de febrero de 2011

Las cuentas de la lechera

Comparación entre lo que se dijo que iba a generar económicamente la presencia de CR y Kaká en el Real Madrid y lo que ha generado

A comienzo del verano de 2009 el Real Madrid fue noticia al concretar dos tres fichajes más caros de la historia del fútbol . Kaká y Cristiano Ronaldo se incorporaron al conjunto blanco y pasaron a ser dos de los jugadores mejor pagados del mundo: por el portugués fueron desembolsados 94 millones de euros, mientras que por el brasileño se pagaron 65. La amortización anual (sus contratos son de 6 temporadas) asciende entonces a 15,66 M€ en el caso de Ronaldo y 10,83 M€ en el de Kaká sin contar con los costes financieros derivados de los créditos que el Real Madrid solicitó  para poder abordar dichas operaciones.
Ambos jugadores recibiran, respectivamente, 12 y 9 millones libres de impuestos por cada una de las 6 tempordas por las que el Real Madrid les contrató. La fiscalidad a la que están sometidos ambos futbolistas, por proceder de un país extranjero, es del 24 %, por lo que la cantidad anual a desembolsar por el Real Madrid en concepto de ficha de cada uno de ellos ascendería a 14,88 y 11,16 M€.
De esta forma, y sin tener en cuenta el pago de intereses derivados de los créditos, Cristiano Ronaldo y Kaká le cuestan a Real Madrid, en números redondos, 31 y 22 millones de euros por campaña respectivamente. Al conocerse estas cifras, el común de los aficionados puso el grito en el cielo al considerar ambas operaciones como inviables económicamente. El Real Madrid y muchos medios de comunicación se encargaron de "demostrar" que esos fichajes, lejos de costar dinero al conjunto blanco, le reportarían beneficios. Para sostener esa, a priori, sorprendente afirmación, argumentaban que la venta de camisetas sufragaría gran parte del coste de ambos futbolistas y que además el Real Madrid firmaría un nuevo contrato de televisión, nuevos contratos con la marca de ropa deportiva que le viste, vería aumentado su caché en los amistosos y que podría disfrutar de nuevos contratos de patrocinio.
Pasados casi dos años desde la llegada de ambas figuras es momento de analizar, desde el punto de vista económico, si su llegada es tan rentable como trataron de hacernos creeer.
Venta de camisetas
Una de los motivos principales por los que ambas contrataciones iban a ser beneficiosas en lo económico era por los ingresos derivados de la venta de camisetas. Para demostrarlo, se recurría a la comparación con el último icono publicitario que vistió la camiseta madridista: David Beckham. Se llegó a afirmar que el Real Madrid había llegado a ingresar 428 millones de euros (sí, está bien escrito) por la venta de camisetas del jugador inglés. Teniendo en cuenta que el precio de una camiseta ronda los 70 euros  y que de esos 70 al Madrid le llega la mitad, es decir 35 euros, el Real Madrid debería haber vendido más de 12 millones de camisetas para llegar a esa cifra. Beckham jugó 4 años en Madrid , por lo que se deberían haber vendido más de 3 millones de camisetas anuales con el nombre del jugador británico.
Un estudio de la consultora alemana PR-Marketing, corroborado con datos de los clubes y fabricantes, revela que el Real Madrid vendió entre los años 2005 y 2009 una cantidad anual de camisetas situada entre los 1,2 y los 1,5 millones de camisetas, lo que pone de relieve que el dato filtrado de venta de camisetas de Beckham nada tenía que ver con la realidad.
Clubes como Real Madrid, Barcelona o Manchester United siempre podrán obtener importantes beneficios de la venta de camisetas, pero no tan disparatados como se ha llegado decir. Sí ya es difícil cuantificar el número total de camisetas vendidas, es prácticamente imposible determinar cuantas se venden a mayores por la presencia de un determinado jugador, sobre todo porque estamos hablando de productos excluyentes: si un aficionado se compra una camiseta del Real Madrid con el nombre de Ronaldo, entonces deja de comprarse una camiseta con el nombre de Kaká, de Benzemá o de Higuaín. Y quién se compra una camiseta una temporada, normalmente no se la compra también a la siguientes. ¿Cúantas camisetas se puede vender a mayores por la presencia de estrellas internacionales en un club? Siempre habrá quién diga que la presencia de Ronaldo en Madrid dispara la venta de camisetas en Portugal y la de Kaká lo hace en Brasil. ¿Disparó la presencia de Torres, Reina o Alonso la venta de camisetas del Liverpool en España? No, ¿verdad? Pues al revés tampoco pasa.
Nuevo contrato de Adidas
Otra historia que se contó hasta la saciedad en aquel verano fue que el Real Madrid negociaría un nuevo contrato al alza con Adidas, su proveedor de ropa deportiva. Ambas entidades tenían contrato hasta junio de 2012... y ése es el contrato que sigue vigente. Creer que la marca alemana iba a ser tan inocente de negociar un nuevo contrato cuando aún quedaban tres años para que venciera el anterior es de ser muy inocente, sobre todo porque a Adidas no se le puede engañar con el número de camisetas vendidas. Las primeras tomas de contacto para su renovación se han producido recientemente: hace dos años se hablaba de que el Real Madrid exigiría 60 millones a la firma alemana. Hoy se habla de 50.
Patrocinadores
No sólo el contrato con Adidas iba a ser renegociado. También se renegociarían al alza otros contratos de patrocinio y se incorporarían otros nuevos. Echando un vistazo a los patrocinadores actuales del Real Madrid se comprueba que son los mismos que hace 2 años, salvo por la presencia de Solaria, empresa que fabrica paneles solares y fotovoltaicos. No parece que la presencia de Cristiano o Kaká en el Madrid tenga mucho que ver con este contrato. Ninguno de los contratos ha sido modificado, aunque se trató de hacer creer lo contrario: en septiembre de 2009 Florentino presentó con grandes alardes el nuevo contrato con la casa de apuestas Bwin. Lo que no terminó de explicar bien es que este contrato ya estaba acordado por la anterior junta directiva mucho antes de la llegada de los cracks lusoparlantes.
Contrato de televisión
A la llegada de Cristiano y Kaká el Real Madrid tenía vendidos sus derechos audiovisuales a Mediapro hasta el año 2013 y, como en el caso de Adidas y como era de esperar, ese contrato no se ha visto modificado.
Caché por partidos amistosos
Antes de la llegada de Cristiano y Kaká, el caché del equipo madridista en los amistosos de pretemporada no llegaba a los 2 millones de euros por partido. Con la llegada de ambas figuras ese caché no ha cambiado, incluso hay quién dice que debido a la crisis, ha bajado y se sitúa en torno al millón de euros. 
¿No han aumentado entonces los ingresos del Real Madrid tras estos fichajes? Pues sí, hay una partida de ingresos que sí se ha visto incrementada considerablemente: las cuotas de los abonos han subido en los últimos dos años en un porcentaje cercano al 35 %. Tampoco se ha oído un excesivo clamor en contra de esta medida, de lo cuál que se puede deducir que, como dice el refrán: sarna con gusto, no pica.

martes, 8 de febrero de 2011

¡Es el juego, idiotas!

Por qué Messi recibe menos faltas que Cristiano

Mientras a nivel mundial crece la admiración y el reconocimiento por el juego del Barça, aquí en España no son pocos los que buscan excusas peregrinas para restar valor a sus éxitos: ayudas arbitrales, regalos de los equipos rivales, etc. La penúltima polémica artificial que se ha creado en nuestro cada vez más encanallado fútbol tiene que ver con las faltas que han sufrido en el campeonato liguero sus dos grandes protagonistas individuales: Messi y Cristiano Ronaldo. En lo que va de liga el portugués ha sufrido 58 faltas y el argentino 32. Ése es un dato irrefutable, hasta ahí no hay nada que objetar. El problema viene con las conclusiones que se extraen de ese dato: los rivales persiguen implacablemente al portugués y colocan una alfombra roja al paso del argentino, dicen los propagandistas de la causa madridista.  
Pero sacar consecuencias a partir de un sólo dato, sobre todo si uno no es muy listo y/o es malintencionado, puede que nos proporcione una visión tergiversada de la realidad. Relativicemos ese dato: Messi ha jugado 300 minutos menos en lo que va de liga que Cristiano (1782 frente a 2085), con lo que el argentino sufre una falta cada 55,7 minutos y el portugués una cada 35,9 minutos. Estos datos sustentarían, en principio, la teoría conspirativa.  
Echemos la vista atrás, a lo que pasaba en las anteriores temporadas: en la temporada 2008-09, la primera de Messi con Guardiola, el actual balón de oro recibió 81 faltas en 2636 minutos, una cada 32,5 minutos y medio. Y en la 2009-10 recibió 87 en 2952 minutos, es decir, una falta cada 33,9 minutos. En conclusión, en las dos temporadas anteriores Messi era frenado en falta con más frecuencia que Cristiano Ronaldo en ésta.  
¿Qué ha sucedido para que Messi, de repente, reciba muchas menos faltas que en temporadas anteriores? Podríamos enfocar la respuesta de dos maneras:
1ª. Desde el punto de vista conspirativo Messi ha pasado de recibir una falta cada más o menos 33 minutas a hacerlo cada 55 porque todos los equipos españoles se han puesto de acuerdo para no hacer faltas a Messi. Bien, veamos lo que ha sucedido en Europa. En la 2008-2009, cuando el Barça conquisto la Liga de Campeones, Messi jugó 985 minutos en los que recibió 24 faltas, una cada 41 minutos. La pasada temporada, cuando el Barcelona cayó ante el Inter en semifinales, Messi jugó 1032 minutos en la Champions, en lo que recibió 27 faltas, una cada 38 minutos. En la presente edición ha jugado 438 minutos recibiendo 8 faltas, lo que nos da un ratio de una falta cada 54,7 minutos. Es decir, en Europa Messi ha pasado de recibir una falta en competición europea cada 35-40 minutos a hacerlo cada 55... ¡justamente lo mismo que sucede en Liga! No es una conspiración de los equipos españoles para favorecer a Messi, no: ¡Es una conspiración a nivel europeo! ¡Qué digo europeo, mundial! Sin embargo, si consideramos otros dos jugadores de Real Madrid y Barcelona que realizan tareas similares como Özil e Iniesta, vemos que el manchego ha sufrido 47 faltas en liga por 20 del alemán: ¿hay un complot contra Iniesta? ¿Los rivales le odian? Es obvio que este camino no es el adecuado para entender la diferencia en el número de faltas.
2º. Otro planteamiento, sin duda más racional que el anterior, es tratar de analizar si se ha producido en el juego de Messi un cambio en los últimos tiempos que pueda estar relacionado con la clara disminución en el número de faltas recibidas. Y, efectivamente, lo hay: a mediados de marzo del año pasado, tras una serie de partidos en los que el Barça no logró desarrollar su mejor juego (ante Atlético, Rácing, Málaga, Stuttgart o Almería) y en los que Messi, si bien hizo algún gol, no entró en contacto con el balón como solía ser habitual, Guardiola decidió convertir en norma algo que hasta entonces sólo había sido una solución de carácter esporádico: Messi debía abandonar la banda para participar más en la elaboración del juego y estar más cerca del área. En los siguientes partidos Messi alternó partidos en la media punta con partidos como delantero centro, hasta que se consolidó en esta última posición relegando a Ibrahimovic a la suplencia tras partidos en los que jugando como delantero centro logró marcar tres y hasta cuatro goles por encuentro. El juego de Messi cambia radicalmente, hace goles con más facilidad y ya no debe darse largas desde o por la banda con el balón pegado al pie. Esto hace que su juego se modifique: por el centro los espacios son menores, debe buscar más la asociación con sus compañeros y encarar sólo en situaciones verdaderamente ventajosas. La temporada anterior Messi daba un pase cada 2 minutos y 9 segundos de media, ésta lo hace cada minuto y 34 segundos (Cristiano da un pase cada 2'54'' de media), lo que le ha llevado a ser el mejor asistente de la liga con 14 pases de gol hasta el momento, muy por encima de Cristiano, con tan sólo 5.  
En definitiva, estamos ante dos jugadores completamente diferentes, que se relacionan con sus compañeros cada uno a su manera, que buscan el gol por a través de vías distintas y que militan en equipos con filosofías de juego radicalmente opuestas. Hasta hace un año Messi se veía obligado a encarar a los rivales con mucha frecuencia, como Cristiano, pero su juego ha mutado: la opción individual, antes preferente, es ahora sólo una más. El resto de explicaciones, una vez más, son propaganda.
Nota: las estadísticas se han obtenido de las páginas web de FCBarcelona y Real Madrid y de las webs de los diarios Sport, As y Marca. 

martes, 1 de febrero de 2011

El problema de fondo

CR: “Da igual si no juegas a nada siempre que ganes”

Son muchas las teorías formuladas acerca de las claves del éxito y del buen juego, sostenido y perfeccionado durante ya casi tres años, del Barcelona de Guardiola. De manera casi obvia, la mayoría coincide en formular dos causas como pilares principales del éxito: la calidad de los futbolistas y su actitud sobre el campo. Sin embargo, existe una causa que es condición necesaria para alcanzar ese nivel de excelencia en el juego: puede parecer trivial pero, para jugar bien, lo primero es querer jugar bien.
A primera vista es entendible que la anterior afirmación suene ridícula, pero no lo es tanto. Démosle la vuelta: si no quieres jugar bien, no vas a jugar bien. O mejor, modifiquémosla ligeramente: si piensas que jugar bien no es útil, e incluso desprecias el buen juego, de ninguna manera lograrás jugar bien. Vale, es lógico pero, ¿existe alguien que desprecie el buen juego? 
Cristiano Ronaldo respondió así en Pamplona a un periodista que le pidió explicaciones sobre el mal juego del Real Madrid en Pamplona: "Si hubiéramos ganado no me preguntarían por el juego. Da igual si no juegas a nada siempre que ganes. El fútbol depende de los resultados". Ojo a la frase: “Da igual si no juegas a nada siempre que ganes”. ¿Cómo vas a jugar bien si piensas que el buen juego no sirve de nada? ¿Cómo vas a jugar bien si crees que puedes obtener buenos resultados sin hacerlo? Pero el razonamiento va más allá: en fútbol, como en cualquier otro deporte, se gana o se pierde, pero en los entrenamientos lo  único que puedes intentar mejorar es tu juego, evolucionarlo, corregir errores para ser mejor. Lo que entrenas es el juego, el resultado no se puede entrenar, es una consecuencia del juego. No sólo del juego, de acuerdo, también influyen otros factores: la suerte, el acierto, una decisión arbitral, un error o un acierto individual... Pero ninguno de ellos se puede entrenar. 
No sería justo, sin embargo, personalizar en el crack portugués. Una gran parte del madridismo ha hecho suya esa terrible frase en los últimos tiempos: “Da igual si no juegas a nada siempre que ganes”. Habría que analizar las causas por las que el han abrazado ese absurdo lema. Para mí la explicación a este fenómeno es muy propia de la condición humana: rechazo a todo lo que proviene del rival. Si mi eterno rival es el máximo exponente, junto con la selección española, de un determinado modelo de juego, entonces yo no me siento identificado con esa forma de jugar. Es más, la desprecio profundamente, llegando a decir de ella que es incluso aburrida. Cómo el niño que desprecia el deporte porque se ve más torpe que sus compañeros o el que abomina de la música porque es incapaz de sacar tres notas seguidas de una flauta.
Pero el que su reacción sea humana no impide que sea incorrecta. Mientras el Real Madrid no asuma que el juego es el cimiento básico de los buenos resultados, difícilmente volverá a ser una referencia. Si podrá, puntualmente, obtener éxitos: cuenta con más dinero que nadie para conseguirlo y su carácter le hace ser siempre competitivo, pero esto sólo le alcanzará para obtener éxitos esporádicos, puede que incluso grandes éxitos, pero esto no le dará para poder prolongarlos en el tiempo ni recuperar el reconocimiento que en otras épocas llegó a tener.